El presidente cubano Miguel Díaz-Canel sorprendió este viernes con un cambio notable en su discurso público al manifestar disposición a dialogar con el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, aunque dejó claro que cualquier acercamiento tendría que darse “sin presiones”. El mensaje, difundido a través de los canales oficiales de la Presidencia en la red social X, marca un giro respecto al tono confrontacional que había predominado en días anteriores.
Según expresó el mandatario, Cuba se considera un país defensor de la paz y asegura que, pese a décadas de tensiones y sanciones, mantiene abierta la posibilidad del diálogo bilateral. Sin embargo, insistió en que no aceptará conversaciones condicionadas ni bajo escenarios de presión política o económica, al tiempo que reiteró el discurso de resistencia frente a lo que calificó como agresiones externas.
Este posicionamiento contrasta con las declaraciones recientes del propio Díaz-Canel, quien había lanzado fuertes críticas contra la administración estadounidense por las medidas destinadas a limitar el suministro de combustible hacia la isla. En ese contexto, el gobernante utilizó un lenguaje especialmente duro, alineado con la retórica tradicional del oficialismo cubano.
El pronunciamiento más reciente se produjo durante una reunión extraordinaria del Partido Comunista en La Habana, donde volvió a apelar a consignas de soberanía y resistencia. No obstante, el mensaje divulgado posteriormente mostró un tono más matizado, en el que, sin abandonar la narrativa histórica del enfrentamiento, se reconoce implícitamente la necesidad de buscar salidas diplomáticas.
Analistas y fuentes diplomáticas consideran que este cambio responde a la compleja situación que atraviesa el país, marcada por una profunda crisis energética, apagones prolongados y crecientes dificultades económicas. En este escenario, la apertura discursiva podría interpretarse como un intento de enviar señales de flexibilidad a la comunidad internacional, sin asumir públicamente una posición de debilidad.
Mientras tanto, el discurso oficial continúa atribuyendo la gravedad del panorama nacional a factores externos, especialmente a las sanciones, dejando en segundo plano los problemas estructurales internos. Aun así, el mensaje del presidente sugiere que el Gobierno cubano busca ganar margen de maniobra política y económica ante un aislamiento cada vez más difícil de sostener.
¿Qué dijo exactamente Díaz-Canel sobre Estados Unidos?
Afirmó que Cuba está dispuesta a dialogar con Washington, siempre que no sea bajo presiones políticas o económicas.
¿Por qué se considera un cambio de postura?
Porque días antes había utilizado un tono mucho más agresivo y descartaba cualquier acercamiento.
¿Qué contexto influye en este giro discursivo?
La crisis energética, el deterioro económico y el aumento de la presión internacional sobre el Gobierno cubano.
¿Implica esto un acercamiento inmediato entre ambos países?
No necesariamente; se trata más de una señal política que de un anuncio concreto de negociaciones.
¿Cómo ha reaccionado la comunidad internacional?
Observadores y diplomáticos interpretan el mensaje como un intento de ganar tiempo y alivio ante la situación interna.
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