La situación energética en Cuba atraviesa uno de sus momentos más delicados en los últimos años. Especialistas del sector han advertido que, si en las próximas semanas no arriba un nuevo cargamento de combustible, el país podría enfrentar un escenario extremadamente complejo que impactaría de forma directa la generación eléctrica, el transporte y otros servicios esenciales.
El investigador Jorge Piñón, reconocido analista del sector energético y director del Programa de Energía para Latinoamérica y el Caribe de la Universidad de Texas en Austin, explicó recientemente que el sistema energético cubano se encuentra operando en condiciones muy frágiles. Según sus estimaciones, la Isla necesita alrededor de 100 mil barriles diarios de crudo para sostener sus operaciones básicas. Sin embargo, la producción nacional apenas alcanza unos 40 mil barriles por día, lo que obliga a depender en gran medida del suministro externo.
Durante los últimos años, Venezuela ha sido el principal proveedor de petróleo, acompañado de envíos puntuales desde México y Rusia. El más reciente cargamento confirmado arribó a inicios de enero, cuando un buque descargó aproximadamente 85 mil barriles procedentes de México. Desde entonces, no se ha informado oficialmente sobre nuevos embarques.
Uno de los elementos que más preocupa a los expertos es la limitada capacidad de almacenamiento y la ausencia de reservas estratégicas significativas. Históricamente, Cuba ha trabajado con inventarios ajustados, lo que la hace especialmente vulnerable ante cualquier retraso en la llegada de combustible.
A esto se suma el deterioro del parque termoeléctrico. Más de la mitad de las plantas presentan fallas técnicas debido a años de mantenimiento insuficiente y limitaciones en la inversión. Actualmente, la capacidad disponible ronda los 1.389 megavatios, mientras que la demanda nacional supera los 3.100 MW, generando un déficit considerable. Parte de la generación distribuida también se encuentra detenida por falta de diésel.
Aunque el Gobierno ha impulsado proyectos solares en varias provincias, especialistas coinciden en que, por el momento, su aporte sigue siendo limitado y depende de factores climáticos.
El impacto de esta crisis energética no se limita a los apagones. Afecta también el bombeo de agua, la refrigeración de alimentos, la movilidad y el funcionamiento de sectores productivos. En paralelo, el contexto internacional añade presión, con advertencias de posibles sanciones a empresas que suministren petróleo a la isla.
De no concretarse nuevos envíos en las próximas semanas, marzo podría convertirse en un mes determinante para el sistema energético cubano.
La producción nacional de crudo es insuficiente para cubrir la demanda interna. Por ello, el país necesita importar una parte significativa del combustible que utiliza para generar electricidad y sostener servicios básicos.
Los cortes eléctricos afectan el suministro de agua, la conservación de alimentos, el transporte público, la conectividad y la actividad económica en general.
Sí, se han impulsado proyectos de energía solar y otras fuentes renovables. Sin embargo, su capacidad actual todavía no es suficiente para compensar el déficit térmico.
El déficit energético podría aumentar, provocando apagones más prolongados y mayores afectaciones en sectores esenciales.
Todo dependerá de la llegada de nuevos suministros de combustible y de la capacidad del sistema para recuperar parte de su infraestructura.
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